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Historia del Liceo Historia del Liceo

Historia del Liceo

Viaje en el tiempo: más de un siglo de vida liceana

“A través del conocimiento histórico se crea la identidad, una búsqueda incesante y profunda del Hombre en todos los tiempos y lugares y que nos vincula con nuestras raíces y con quienes nos precedieron. La memoria histórica nos lleva necesariamente a reflexionar acerca de todos aquellos hechos que quedaron registrados y que constituyen el primer peldaño para entender de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde vamos. Al mismo tiempo, la Historia nos crea un compromiso con nuestro pasado y, en este caso, con quienes estuvieron antes que nosotros, cimentando y engrandeciendo al liceo, haciéndonos responsables de mantener el sitial en que aquellos lo posicionaron.

Si me lo permiten, hoy quiero aprovechar de hacer un homenaje a los hombres y mujeres que han pasado casi anónimamente por este liceo; aquellos cuyos nombres posiblemente ni siquiera están consignados en alguna página, porque no llevaron a cabo nada extraordinario… más que hacer de esta noble institución parte de sus vidas, de soñar cada día con entregar a los jóvenes un mensaje de esperanza en un mañana mejor. Son ellos quienes han construido en el tiempo y en silencio la identidad del “liceo”, transformando cada obstáculo en una fortaleza, hasta convertirlo en una institución respetada, querida e inolvidable, en especial para aquellos que tuvimos la suerte de haber recogido parte de nuestra formación educacional y personal en ella.”

Marianela Rubio Seguel, profesora y escritora de la reseña histórica del Liceo.

Los primeros años

La historia del Liceo se remonta a 1888, en una época en que la naciente provincia de Cautín enfrentaba importantes desafíos educacionales. De sus 38.141 habitantes, más de 31 mil no sabían leer, alcanzando el analfabetismo un 84,3%. En este contexto, y como parte de la política del Estado para ampliar la educación, el Presidente José Manuel Balmaceda firmó el 6 de abril de 1888 el decreto que estableció la creación de liceos de segunda clase en Antofagasta, Santiago, Temuco y Osorno.

El Liceo de Temuco comenzó a funcionar en mayo de 1889, con 60 estudiantes, en una antigua casa de madera de un piso ubicada en calle Claro Solar. Su primer rector fue el profesor Plácido Briones, quien permaneció en el cargo hasta 1900. Posteriormente asumió Tomás Guevara Silva, profesor de Castellano y Filosofía, destacado por sus estudios históricos y científicos, especialmente aquellos vinculados al pueblo mapuche.

Desde sus primeros años, el establecimiento desarrolló un fuerte vínculo con la comunidad temuquense. La actividad cultural, científica y deportiva comenzó a ocupar un lugar importante en la vida liceana. En 1904 se fundó el Centro Deportivo Liceo de Temuco y, en 1912, el establecimiento organizó un Congreso Científico Chileno.

Para entonces, el Liceo ya había crecido considerablemente y necesitaba nuevas dependencias. En 1905 el Gobierno adquirió un extenso terreno ubicado al final de calle Claro Solar, junto a la línea ferroviaria, con el propósito de dotarlo de un espacio propio y adecuado a sus necesidades.

Un estudiante llamado Neftalí Reyes

Entre sus primeros estudiantes estuvo un niño que ingresó al Liceo a los seis años de edad: Neftalí Reyes Basoalto, quien años más tarde sería conocido mundialmente como Pablo Neruda. Estudió en el establecimiento hasta terminar las humanidades en 1920.

En sus memorias, Neruda evocó sus años de estudiante y recordó el antiguo edificio liceano, sus salas, el laboratorio de Física, la biblioteca y especialmente sus misteriosos subterráneos. Aquellos recuerdos forman parte de la memoria de una institución que, décadas más tarde, llevaría su nombre.

En 1913 asumió como rector Marco Antonio Letelier, quien continuó fortaleciendo la relación del Liceo con la comunidad. Durante su gestión organizó las primeras fiestas primaverales de Temuco, fundó la Liga Protectora de Estudiantes Pobres y organizó la primera Brigada de Boy Scout.

Un incendio y una nueva etapa

El 28 de septiembre de 1922, un incendio destruyó completamente el edificio del Liceo. La tragedia significó la pérdida de gran parte de lo construido durante sus primeras décadas. Sin embargo, la comunidad no abandonó la tarea. Vecinos y familias realizaron aportes, se subastaron los escombros y se buscaron distintas formas de reunir recursos para continuar funcionando.

En mayo de 1923, el establecimiento se trasladó a un local ubicado en calle Arturo Prat, donde continuó su labor con 669 estudiantes. Durante esos años se creó también un Internado para recibir a jóvenes provenientes de otras localidades.

El prestigio del Liceo siguió creciendo. En 1924, los 13 estudiantes que se presentaron a las pruebas de Bachillerato las aprobaron, fortaleciendo el reconocimiento del establecimiento como un espacio de preparación para quienes aspiraban a continuar estudios universitarios.

La vida cultural y deportiva también se consolidó. Se creó el “Ateneo”, se publicó la revista “Estudiantes”, se realizaron veladas públicas y surgieron las orquestas de profesores y estudiantes. En el ámbito deportivo, el Deportivo Liceo vivió entre 1920 y 1926 su denominada “Época de Oro”, llegando a conquistar el título de “Campeón de la Zona Sur”.

Durante la década de 1920 comenzó además la incorporación de mujeres al establecimiento. Hacia 1928 ya estudiaban allí 11 jóvenes, aunque su presencia no se masificaría hasta décadas más tarde.

El Liceo llega a Balmaceda

El crecimiento de la matrícula hizo necesario buscar nuevamente un espacio más amplio. En 1933 se dispuso para el Liceo un extenso terreno a los pies del Cerro Ñielol, entre las calles Balmaceda y Vicuña Mackenna, ubicación que se mantiene hasta la actualidad.

El nuevo edificio, inaugurado durante la rectoría de Lorenzo Sazié Herrera, fue entregado completamente en 1937 y estaba compuesto por cinco pabellones. La nueva infraestructura permitió ampliar las actividades académicas, culturales y deportivas.

Durante este período se creó una Clínica, se fortaleció el Internado, se inauguró el gimnasio y comenzaron las clases nocturnas mediante el “Liceo Nocturno Plácido Briones”, destinado a jóvenes que por motivos laborales no podían estudiar durante el día. También se estableció al Liceo como sede para rendir el Bachillerato en Humanidades.

En las décadas siguientes, el establecimiento continuó creciendo. Se fortalecieron las actividades deportivas, culturales y científicas y se crearon nuevos espacios de participación estudiantil. En 1938 nació el himno institucional, con letra de Mario Lillo y música de Manuel Prado.

Crecimiento, cultura y expansión regional

Entre 1946 y 1962, bajo la rectoría de Waldo Retamal Mello, el Liceo vivió una de sus etapas de mayor desarrollo. Se implementaron nuevas formas de organización de las salas de clases, se fortaleció el Internado y se ampliaron sus instalaciones deportivas y educativas.

El crecimiento de la matrícula fue significativo. En 1951 se alcanzaron los mil estudiantes y en 1958 la cifra llegó a 1.564. Esta expansión también permitió que el Liceo proyectara su labor hacia otras localidades de la provincia. Loncoche, Pueblo Nuevo y Pitrufquén se incorporaron progresivamente como anexos, antecedente de una expansión territorial que continuaría durante las décadas siguientes.

En 1962 nació la Orquesta Liceana, agrupación que formaría parte importante de la identidad cultural del establecimiento. Cuatro años más tarde, con la llegada del profesor de Música Sergio Acuña Maureira, nació el Coro de las Mil Voces, CORMIL, una de las expresiones artísticas más recordadas de la historia liceana y que llevó el nombre del establecimiento por distintas ciudades del país.

En 1966 asumió como rector Daniel Rodríguez Fuentes, quien permanecería durante 28 años en el cargo. Su gestión estuvo marcada por una fuerte proyección regional y por el impulso de iniciativas académicas, culturales, deportivas y de vinculación con la comunidad.

Durante la década de 1970 se crearon nuevos anexos en Carahue, Puerto Saavedra, Vilcún, Purén y otros sectores de Temuco. Al mismo tiempo, el Liceo fortaleció sus estrategias de preparación para el ingreso a la educación superior, alcanzando un importante reconocimiento por sus resultados en la Prueba de Aptitud Académica.

El deporte mantuvo también un lugar central. Se implementó un sistema de trabajo deportivo que permitía a los estudiantes incorporarse a distintas disciplinas de acuerdo con sus intereses y habilidades, formando generaciones de deportistas que alcanzarían logros a nivel local, regional, nacional e internacional.

Del Liceo de Hombres Nº 1 al Liceo A Nº 28

Entre 1977 y 1981, con el proceso de municipalización de los establecimientos fiscales, comenzó una nueva etapa para la institución. El Liceo de Hombres Nº 1 pasó a denominarse Liceo A Nº 28 de Temuco, nombre con el que sería conocido durante la década de 1980.

Hacia 1988, el establecimiento bordeaba los 3.000 estudiantes y mantenía un importante reconocimiento por sus resultados académicos. La comunidad liceana también participaba activamente en iniciativas científicas, humanistas y artísticas, como la Feria del Mundo Joven.

El crecimiento de la matrícula y el deterioro de las antiguas instalaciones hicieron necesaria una nueva infraestructura. Entre 1986 y 1988 se construyeron nuevas edificaciones, con capacidad para 1.440 estudiantes por jornada.

El centenario del establecimiento fue conmemorado en 1988 con un amplio programa de actividades. Un multitudinario desfile reunió a estudiantes, docentes, asistentes de la educación, directivos y exalumnos, y culminó con un acto solemne en el Gimnasio de La Salle. En aquella ocasión se presentó una nueva versión del Coro de las Mil Voces, integrado por cerca de 800 voces liceanas, junto con expresiones teatrales, de danza y gimnasia rítmica.

Nace el Liceo Pablo Neruda

En 1990, durante el aniversario número 102, el rector Daniel Rodríguez informó a la comunidad la decisión de cambiar el nombre de la institución a Liceo Pablo Neruda. El cambio se oficializó mediante el Decreto Exento Nº 126 del Ministerio de Educación, de fecha 14 de junio de 1991. En este período también nació la actual insignia liceana.

Ese mismo año, el Coro de las Mil Voces realizó una histórica gira a Valparaíso y Santiago, con la participación de 800 estudiantes, docentes, la Orquesta Liceana y el grupo de danza. La delegación se presentó en distintos lugares, entre ellos la Quinta Vergara, la Plaza Sotomayor, La Moneda y el Estadio Chile.

Durante la década de 1990, el Liceo profundizó su trabajo en innovación pedagógica. Se desarrollaron proyectos vinculados a la enseñanza de las ciencias, encuentros regionales de profesores y experiencias pedagógicas que fortalecieron su liderazgo educativo.

Entre 1994 y 2005, bajo la dirección de Sergio Emiliano Guerrero Feliú, se impulsó un nuevo Proyecto Educativo Institucional y se fortalecieron espacios de participación como el Consejo de Gestión y el Consejo Escolar. También se incorporaron progresivamente nuevas tecnologías al trabajo académico y se retomó el modelo de sectorización de las salas de clases, dando origen a áreas de aprendizaje.

Las artes también adquirieron una nueva dimensión. El Departamento de Artes desarrolló una propuesta que incorporaba las diferencias individuales y la diversidad cultural en las manifestaciones artísticas. En 1998 nació “La Semana Integrada” o Expocultura, iniciativa que permitió a los estudiantes compartir sus aprendizajes y creaciones con la comunidad.

Un Liceo Emblemático

El año 2004 marcó otro hito importante. El Ministerio de Educación otorgó al Liceo Pablo Neruda de Temuco la nominación de Liceo Emblemático de Chile, en el marco del Programa del Patrimonio Educacional del país, reconocimiento que fortaleció su identidad y valoración dentro de la comunidad.

Ese mismo año, con motivo del centenario del natalicio de Pablo Neruda, el Liceo desarrolló diversas actividades vinculadas al folclore, la música, las artes visuales, la danza, el teatro y la literatura. Entre ellas destacó el proyecto “Neruda 100 años”, que culminó con una función de gala en el Teatro Municipal de Temuco y posteriormente tuvo una presentación en Argentina.

La historia del Liceo también ha estado profundamente vinculada con la identidad cultural de La Araucanía. Desde 2006 se fortaleció el trabajo orientado a rescatar y fomentar las tradiciones del pueblo mapuche, dando origen al Grupo Intercultural como espacio de encuentro y reconocimiento para estudiantes mapuche.

Durante los años siguientes continuó el proceso de modernización de la institución, con la incorporación de nuevos recursos tecnológicos y pedagógicos, el fortalecimiento de laboratorios y la renovación de diversos espacios educativos.

Una historia que continúa

Más de un siglo después de su fundación, la historia del Liceo Pablo Neruda continúa construyéndose a partir de las generaciones que han pasado por sus aulas. Estudiantes, docentes, asistentes de la educación, directivos, familias y exalumnos han dejado sus huellas en una institución que ha sabido transformarse junto con la ciudad y la sociedad.

Desde aquella primera casa de madera de calle Claro Solar hasta el Liceo que hoy se levanta a los pies del Cerro Ñielol, han cambiado los edificios, los nombres, las generaciones y las formas de enseñar. Sin embargo, permanece una identidad construida colectivamente a lo largo del tiempo.

Una historia de educación pública, de cultura, ciencias, artes, deporte, participación y compromiso con la comunidad. Una historia que comenzó en 1888 y que continúa escribiéndose cada día.

Liceo Pablo Neruda de Temuco. Orgullo de Temuco desde 1888.

 

Sellos Institucionales

Sello 1: Excelencia Académica

Sello 2: Liderazgo

Sello 3: Participación

Sello 4: Inclusión

Sitios de interés de Liceo Pablo Neruda Temuco